¿Qué es la educación en ecología emocional?

¿Cuál es el impacto de las emociones en nuestras vidas? ¿Y de qué manera influyen en el mundo en que vivimos?

Seguramente, querido lector, alguna vez te hayas preguntado esto, pues las emociones componen casi el 90 % de nuestros estados mentales. Por eso, y para que aprendamos a responsabilizarnos y concienciarnos del impacto global que tienen en nosotros existe el término Ecología Emocional. 

La Ecología Emocional no es otra cosa más que un diseño específico para mejorar el autoconocimiento y la gestión emocional, de modo que este manejo sea sostenible. Para ellos hay ya en España numerosas fundaciones y asociaciones como Ámbit en Barcelona, que promueven metodologías y facilitan programas y recursos en aras a crecer personalmente y mejorar el clima de las organizaciones.

Dicho en otras palabras, se define como el arte de gestionar las emociones positivamente. O sea, que la energía que estas generan sea dirigida a nuestro crecimiento personal, a la mejora de nuestras relaciones interpersonales y a la construcción de un planeta más armónico.

La idea surgió en 2003 porque algunos psicólogos se dieron cuenta de que las personas padecemos mayor contaminación emocional que atmosférica, y que principios ecológicos como polución, biodegradabilidad o reciclaje podían trasladarse al mundo emotivo entendiendo la vida como un ecosistema.

En el fondo, se trata de que cada persona asuma la responsabilidad de autogestionar sus emociones y sentimientos, volviéndose más consciente del efecto que tienen sus actos en el entorno y en los demás, haciendo que su energía promueva conductas que aumenten nuestro equilibrio personal, favorezcan nuestra capacidad de adaptación, la mejora de nuestras relaciones y el respeto y cuidado de nuestro mundo.

Si bien no somos responsables de lo que sentimos, sí que lo somos de lo que hacemos con lo que sentimos. Y nuestras acciones y nuestra pasividad tienen consecuencias.

Ya nadie pone en duda que es preciso cuidar el entorno. Poco a poco tomamos conciencia de que es importante no contaminar porque nos estamos jugando nuestro porvenir y el de la vida del planeta. La ecología emocional traza un paralelismo entre la ecología ambiental y el mundo afectivo, pues de la misma forma que no se considera admisible lanzar residuos tóxicos a un río porque las plantas, los peces y el propio rio pueden morir, tampoco podemos permitirnos ir lanzando indiscriminadamente partículas emocionales tóxicas al exterior. Los seres humanos y la naturaleza somos sistemas interdependientes. Nuestro ecosistema afectivo y natural es frágil y somos responsables de protegerlo.

La gestión de las propias emociones no es delegable. Debemos reciclar nuestros residuos emocionales a diario. De no hacerlo así corremos el riesgo de utilizar a quienes nos rodean como contenedores para volcar nuestra tensión y toxicidad no procesada. Recibimos lo que lanzamos y si no nos gusta lo que nos llega conviene revisar lo que emitimos.
Nuestro mundo se ha convertido en “zona irritable”. La globalización lo facilita. Las distancias son cada vez menores y hacen que todo parezca más pequeño. Nos contagiamos costumbres, deseos, ansias, ideas, emociones, conductas, etc. Mucha información que debe ser procesada adaptativamente si queremos mantener el equilibrio.

La gestión incorrecta de nuestro clima emocional interno repercute en el empeoramiento del clima emocional global, que se deteriora debido a una mezcla de analfabetismo emocional e irresponsabilidad. Esta incompetencia no solo genera mayor sufrimiento e infelicidad en uno mismo, sino también en quienes nos rodean, dado que se pueden contaminar con nuestro caos.

Podemos ofrecer alegría, ternura, gratitud, sensibilidad, amor, serenidad o bien ira, resentimiento, envidia, angustia, miedo en función de cuál sea la tonalidad emocional dominante obtendremos unos resultados u otros. No solo se calienta la tierra por las emisiones de dióxido de carbono, padecemos también un calentamiento emocional global que se manifiesta en multitud de signos, como una lluvia acida que daña nuestra piel y el resto de las células del organismo.

Podemos resumir todo lo comentado en siete principios de la ecología emocional. ¡Anímate a seguirlos y eduquemos en ecología emocional!:
  1. Principio de la autonomía personal: Ayúdate a ti mismo y los demás te ayudarán. 
  2. Principio de la prevención de dependencias: No hagas por los demás aquello que ellos pueden hacer por sí mismos. 
  3. Principio del boomerang: Todo lo que haces a los demás, también te lo haces a ti mismo. 
  4. Principio del reconocimiento de la individualidad y la diferencia: No hagas a los demás aquello que quieres para ti, pueden tener gustos diferentes. 
  5. Principio de la moralidad natural: No hagas a los demás aquello que no quieres que te hagan a ti. 
  6. Principio de la autoaplicación previa: No podrás hacer ni dar a los demás aquello que no eres capaz de hacer ni darte a ti mismo.
  7. Principio de la limpieza relacional: Ocúpate de limpiar las relaciones que son ficticias, insanas y no te dejan crecer como persona.

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