Coeducación e igualdad

¡Muy buenas de nuevo, lectores! Sin más dilación hoy os traemos una nueva entrada sobre un tema en plena expansión que se cuestionan multitud de profesionales del ámbito educativo y las familias; la coeducación.

Nuestra compañera Irene ya habló en una entrada anterior acerca de la escuela diferenciada o mixta, que está estrechamente relacionada con la escuela igualitaria y coeducativa por reflexionar ambas acerca de la inmersión de todo el alumnado, sin excepción, en el contexto académico.  

No obstante, es bien sabido que debido al gran desarrollo social, económico y tecnológico de las últimas décadas, la educación no puede quedar al margen, por lo que requiere que la escuela esté dotada de unas condiciones indispensables que según Bernstein son las siguientes:
  • Refuerzo: condición necesaria para experimentar los límites sociales, intelectuales y personales que proporciona una apertura a la comprensión crítica.
  • Inclusión: derecho a ser aceptado en la esfera social, intelectual, cultural y personal para forar parte de una comunidad sin dejar de ser “autónomo”.
  • Participación: derecho a ser activo en los procedimientos de construcción, mantenimiento y transformación del orden social, es decir, en la práctica cívica y política.
Esta demanda surge, sobre todo, por la generalizada preocupación e importancia de atender a todos por igual, especialmente en materia de género, por ser las mujeres un colectivo en riego o con alta vulnerabilidad. 

Por tanto: ¿es el modelo de coeducación idóneo para educar a los más pequeños?, ¿cómo es posible formar una escuela coeducativa?, ¿qué tipos de estrategias y recursos usará esta escuela para lograr sus objetivos?...
Para los que anden un poco perdidos y no estén todavía demasiado familiarizados con este término, procedemos a situaros; la coeducación debe entenderse como un modelo que apueste por una educación sin sesgos sexistas, que potencie el desarrollo máximo de conocimientos, actitudes, valores y comportamientos acordes con una educación integral de la persona en función de sus posibilidades y no del sexo al que pertenece.

Por ello, lograrlo implica reflexionar y analizar sobre las discriminaciones y estereotipos de género existentes e intentar contrarrestarlos teniendo en cuenta el proceso de construcción de la identidad tanto masculina como femenina. Por lo tanto, para que nos hagamos una idea de cómo alcanzar este objetivo, es necesario que tengamos interiorizado como profesionales que la coeducación requiere:
  1. La eliminación de las discriminaciones presentes, tanto en las estructuras y normas sociales como en las actitudes de las personas.
  2. Una aceptación del propio sexo y la propia identidad sexual apoyada en el trato justo y la actitud positiva ante las influencias sociales y educativas.
  3. Incidir en el proceso e comunicación de alumnado, profesorado y familias.
  4. Poner a los estudiantes ante situaciones de igualdad real en todas las esferas mediante actividades diversas (pueden ser puntuales o transversales).
  5. Propiciar una comunicación adecuada entre los sexos basada en el respeto mutuo, en el conocimiento adecuado, la aceptación convivencial y el diálogo creativo.

Una forma muy sencilla y visual de comenzar analizando/diagnosticando la situación de un centro educativo respecto a la discriminación (sería lo opuesto a igualdad y coeducación), con el fin de implantar este magnífico modelo, es rellenar la siguiente tabla propuesta por Tomé (1999) que a nuestro parecer, es francamente útil para advertir las problemáticas:

Modelo coeducativo (Tomé, 1999)

¿Has detectado muchos conflictos en tu centro?, ¿qué opinión te merece el modelo coeducativo?, ¿te ha resultado interesante? ¡Déjanos en comentarios todo lo que quieras al respecto!

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